Luz

Sumaron uno las vidas en pena y los muertos
y se marchitaron las esperanzas, sepultadas en laberintos.
El sol lloró ascuas de soledad
y los libros cantaron al dolor y la miseria.

Los reyes se sirvieron viales de sangre
derramada por sus padres en tiempos menos tristes
y los plebeyos se escondían
en grutas sin aire ni luz.

Las mujeres vieron sus vientres malditos
y sus hijos portaban una mueca horrenda.
Los hombres soñaban muerte antes de viejos,
embebidos en un cruel veneno.

Infinidad de moscas poblaban el cielo
y lamían las llagas del enfermo;
las plantas, hechas de sal,
sólo servían para hacer crecer la herrumbre.

La obra del trabajo y el arte
se usó para dar cabida a cadáveres
que fueron lastimados por almas menos vivas
que los corazones que arrancaron para dar de comer a sus niños.

Cuando los dioses vieron ésto
ya no había piedad en sus actos
y llevaron a la guerra a los más fuertes
en un último espectáculo de sufrimiento y horror.

Así fue el fin de todo lo conocido.
Se apagó el calor del fuego, no su hambre voraz.
Ya no había estrellas que contemplasen serenas
que el hombre había muerto en el infierno que creó.

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